jueves, junio 01, 2006

2º.- Mi pequeño gran milagro


POST: MI PEQUEÑO GRAN MILAGRO (05.05.2006)AUTOR: Macaria Corleone (Madrid). Blog Macaria quiere ser una maruja
NOMINADO POR: José Luis de Valero (RAIB 41) (Madrid). Blog LUPUS HISPANICUS
MOTIVOS: Se ha de ser una buena madre para pensar así, pero esa misma madre tiene que ser una buena escritora para reflejar los sentimientos mediante sus letras. Y Macaria Corleone reúne ambos factores.


A menudo los hijos se nos parecen. Así nos dan la primera satisfacción. Esos que se mueven con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay alrededor. Esos locos bajitos..." -Serrat.
Cuando era más joven solía pensar diferente. Decía que cuando me hiciese vieja, si mis tetas se estropeaban, no dudaría en operarmelas. Yo, por entonces, tenía unas tetas estupendas, todo hay que decirlo. Desgraciadamente, ahora no puedo suscribir lo mismo. Tampoco me parecía indispensable tener hijos. Con el tiempo me he dado cuenta de que ambas cosas son una estupidez.
No me operaría las tetas aunque me las regalasen. La vida es demasiado frágil como para jugártela a la ligera por una banalidad, y no renunciaría a tener hijos por nada del mundo.
Claro, que eso lo se ahora, con la serenidad y la templanza que dan los años.
Las cosas nunca han sido fáciles, o yo las he hecho demasiado complicadas. Cuando me enamoré, allá por el pleistoceno, del que hoy es mi pareja, nada más me importaba que estar con él. Era mi única meta en la vida. Y, a pesar de que nuestra relación fué difícil por nuestros carácteres y circunstancias, al final la cosa salió adelante.
Desde el principio él me dijo que no podía tener hijos y yo lo acepté. Le rezaba a dios para que las cosas funcionasen aun a costa de que el sacrificio fuese no tener hijos. Pensaba que nada importaría siempre que estuviesemos juntos.
A medida que pasó el tiempo, me di cuenta de que el sacrificio era demasiado grande. Tenía una necesidad imperiosa de tener un bebé, pero un bebé suyo.
Cada vez que veía una mujer embarazada o un chiquitín me hundía y me ponía muy triste. Imaginaos cuando fuí tía por dos veces. Tanto que acabé por rezarle a dios pidiéndole lo contrario. Tener un bebe de mi marido aunque eso supusiese perderlo a él.
No sigo los dictámenes de la Iglesia, que me parece una secta muy bien organizada, ni soy católica practicante. Mi relación con dios es un tanto peculiar. Generalmente le grito y me enfado muchísimo con él porque siempre me lo pone todo muy difícil. Siempre tengo la sensación de que , para darme algo, me exige un sacrificio grandísimo. A veces tengo la certeza de que se juega nuestro destino a los dados con Lucifer.
Durante un tiempo era tal la desesperación que, a diario, me metía en la capilla del aeropuerto a rezar para que me concediese el deseo que le pedía: tener una niña. Así durante años. Finalmente mi marido accedió y nos pusimos manos a la obra, pero todos los médicos nos decían que era inviable. En la última clínica nos dieron esperanzas y allí fuimos.
Aquel día vi una lucecita que me decia: quien sabe, tal vez si.
Lo intentamos. Un tratamiento bestial de hormonas, un sin fin de análisis de sangre y hormonas día si, dia no, y una cantidad de dinero desorbitada. Os diré que odio los pinchazos y no sabeis lo que supuso para mi tener que pincharme yo misma todos los dias en la tripa. Luego ir a un quirófano, pruebas y más pruebas.
Finalmente llegó el día. Me citaron para implantarme 3 ovocitos (mios y fecundados por mi pareja). No os podeis imaginar los nervios, la incertidumbre. No hacía más que preguntarme ¿saldrá bien?. Tenía que salir bien porque no podía gastarme otros 8000 euros.
Bueno, ya sabeis que salió bien. Os he hablado de Irlanda. A la semana sabía que estaba embarazada. De los 3 ovocitos mi niña fué la más fuerte. Durante esa semana recé y recé pidiendo por que todo saliese bien y cuando me dieron el resultado positivo creí que me moría de la alegría. Al final parece que dios me escuchó y no he tenido que sacrificar nada.
No sabeis lo maravilloso que ha sido sentir como crecía mi pequeña día a día. Al principio me quejaba de tener que haber pasado por todo esto para llegar a tenerla, pero ahora doy gracías y me alegro. He tenido la suerte de ver como era mi pequeña desde el 2 día de existencia de esa pequeña célula que era. Tuve la suerte de ver como me la implantaban y dónde la colocaban. Vi como era al 5º día, a la semana, a los 15. Vi como latía su pequeño corazón desde el principio. Gracias al tratamiento tuve que llevar un mayor control del embarazo y con ello vivir todo más a conciencia y con más detalle.
Sentir como crecía, como se movía. como me daba pataditas y empujaba hacia fuera con su culazo en mi tripa. Aquello fue increible. No hay dinero en el mundo que pueda pagarlo. Estaba tan feliz de tenerla dentro que no quería dar a luz. El día que me dijeron que era niña, ese día lloré como una magdalena. Tenía tantas ganas de que fuese niña y tuviese los ojos azules de su padre, y todo iba saliendo bien.
A menudo mi pareja toca la guitarra y eso a la niña le encantaba. Se movía dentro de mi como una culebrilla cuando le sentía tocar. El día del parto estaba extrañamente tranquila. Tardé dos días en echarla, porque la puñetera se resistía pero al final salió y todo fué muy bien. Lo mejor fué que cuando sacó la cabeza me pusieron las manos debajo de sus bracitos y me dijeron que el resto lo hiciese yo. Así que la saqué yo misma. Y de pronto apareció ante mi, pequeña, hinchadita y un poquito fea, todo hay que decirlo. Me la puse encima y no daba crédito a lo que veía. Ahí estaba mi pequeña, despues de tantos años de espera.
La llamé Irlanda Aroa. A pesar de las pegas de todo el mundo. Desde el principio quise que se llamase Irlanda, porque es mi país favorito, porque es el lugar dónde quise vivir y nunca he podido ir, porque para mi significa la paz de espíritu, la alegría, la felicidad, porque me encanta su música que me transmite un estado de calma y serenidad increible, y eso es lo que significa mi hija. La perfección, asi que por eso se llama así.
De esto va a hacer un año el 11 de mayo. Ya hace un año que tengo a mi niña. Como pasa el tiempo. Ojalá volviese a ser pequeñita para que pudiese dormir sobre mi pecho como hacía antes, para que me cupiese en una mano y poderla arrullar con mis brazos. Ahora está enorme y gordita y tiene unos enormes ojos azules, como los de su padre. Y yo estoy feliz porque esta niña es mi pequeño gran milagro.
"De vez en cuando la vida nos besa en la boca, y a colores se despliega como un atlas, nos pasea por las calles en volandas y nos sentimos en buenas manos" -Serrat.
PD: Ya se que el post es muy largo, pero quería compartir esto con vosotros. Macaria

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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